El invierno transforma el viñedo. Donde en otros meses hay brotes, hojas y uvas, ahora queda el esqueleto de la cepa, desnudo y en reposo. Para quien observa desde fuera puede parecer una época de inactividad, pero en realidad es uno de los momentos más importantes del año. El invierno es el tiempo del silencio, del cuidado y de las decisiones que marcarán la próxima vendimia.
En Las Moradas de San Martín vivimos esta estación como una parte esencial del ciclo de la vid, especialmente en un entorno tan singular como la sierra de Gredos, donde el clima y el paisaje imprimen carácter a cada parcela. Estas son algunas de las labores del viñedo en invierno.
El reposo vegetativo
Con la llegada del frío, la vid entra en reposo vegetativo. La savia deja de circular, la planta descansa y concentra su energía en las raíces y la madera. Este descanso es fundamental para que, cuando llegue la primavera, la brotación sea equilibrada y saludable.
“El invierno permite a la cepa recuperarse del esfuerzo de la vendimia, del calor del verano y de la sequedad del suelo. Es un periodo natural de regeneración que no debe forzarse, sino respetarse”, explican desde nuestro departamento de Viticultura.
La poda, una de las actividades más importantes que se realizan durante el invierno
La labor más significativa del invierno es, sin duda, la poda. Un trabajo manual, pausado y profundamente ligado al conocimiento del viñedo. Cada cepa es distinta, cada corte cuenta y cada decisión tiene consecuencias directas en la calidad de la uva que vendrá.
Podar no es solo eliminar sarmientos, es equilibrar la producción, favorecer la aireación y preparar la planta para el nuevo ciclo. En viñedos viejos y de montaña, como los de garnacha en Gredos, la poda se convierte en un ejercicio de observación y respeto por la historia de cada cepa.

Cuidado del suelo
Durante el invierno también prestamos especial atención al suelo. Es el momento de trabajar la tierra con suavidad, de favorecer su estructura y de protegerla frente a la erosión provocada por las lluvias y las heladas.
En Las Moradas entendemos el suelo como un organismo vivo. Mantener su equilibrio, su biodiversidad y su capacidad de retener agua es clave para que la vid exprese fielmente el carácter del entorno. El invierno nos da el tiempo necesario para observar, corregir y preparar el terreno sin prisas.
El frío como aliado natural
Las bajas temperaturas no son un enemigo del viñedo; al contrario, son un aliado. El frío invernal ayuda a reducir la presencia de plagas y enfermedades, limpia de forma natural el viñedo y favorece un ciclo más sano.
En la sierra de Gredos, el invierno es exigente. Las heladas y la altitud marcan el ritmo, pero también contribuyen a esa identidad fresca, elegante y precisa que caracteriza a nuestros vinos.
Observación y planificación
El invierno es también un momento de reflexión. Con el viñedo en reposo, podemos observar su estructura, detectar debilidades, planificar trabajos futuros y tomar decisiones de largo recorrido. Es una estación que invita a pensar en el equilibrio entre tradición y adaptación, entre respeto al pasado y visión de futuro.
No hay urgencias, pero sí responsabilidad. Lo que se haga, o no se haga en invierno, tendrá su reflejo en la vendimia.
Preparar el camino hacia la primavera
Cuando el invierno se acerca a su fin, el viñedo comienza a despertar lentamente. Las yemas se preparan para brotar y el ciclo vuelve a empezar. Todo el trabajo silencioso realizado durante estos meses se convierte en la base sobre la que se construirá el año.
En Las Moradas de San Martín creemos que los grandes vinos nacen mucho antes de la vendimia. Nacen en el respeto por los tiempos de la naturaleza, en el cuidado constante y en la atención a los pequeños detalles. Y el invierno, aunque discreto, es uno de los momentos más decisivos de todo el año, y uno de los momentos más especiales para visitar el viñedo, pasear entre las cepas, descubrir el terruño y el paisaje de Gredos. Además, estamos a menos de una hora de Madrid.
